Publicado por terramater.es

Las investigaciones muestras que los padres que usan dispositivos digitales durante el tiempo familiar pueden provocar una escalada de mal comportamiento para conseguir atención y genera efectos negativos a largo plazo.

Los padres que pasan mucho tiempo mirando sus teléfonos o viendo la televisión durante las actividades familiares, como las comidas, el tiempo de juego o la hora de acostarse, pueden influir negativamente en sus relaciones a largo plazo con sus hijos. Según Brandon T. McDaniel, de la Universidad Estatal de Illinois, y Jenny S. Radesky, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Michigan, ambas en Estados Unidos, los dispositivos electrónicos puede llevar a los niños a mostrar más frustración, hiperactividad, llantos, mal humor, o berrinches. El estudio en la revista Pediatric Research, publicada por Springer Nature, examina el papel y el impacto que juegan los dispositivos digitales en la crianza de los hijos y el comportamiento infantil.

La tecnoferencia se define como las interrupciones diarias en las interacciones cara a cara debido a los dispositivos tecnológicos. Estudios recientes estiman que los padres usan televisión, computadoras, tabletas y teléfonos inteligentes durante nueve horas por día en promedio. Un tercio de este tiempo se gasta en teléfonos inteligentes, que debido a su portabilidad se usan a menudo durante las actividades familiares, como las comidas, el tiempo de juego y la hora de acostarse, todos los momentos importantes que intervienen en la construcción de las relaciones, y generan bienestar emocional y social en el niño. Cuando los padres están absortos en sus dispositivos, la investigación muestra que tienen menos conversaciones con sus hijos y son más hostiles cuando sus hijos intentan captar su atención.

En este estudio, 172 familias de dos padres (un total de 337 padres) con un niño de 5 años o menos, respondieron cuestionarios como parte de un proyecto de investigación realizado entre 2014 y 2016 sobre la crianza de los hijos y las relaciones familiares. Los participantes indicaron con qué frecuencia diaria diferentes los dispositivos interrumpieron sus conversaciones o actividades con sus hijos. Los padres calificaron la conducta internalizada de su hijo, como la frecuencia con la que se enfurruñaron o la facilidad con que se hirieron sus sentimientos, así como su comportamiento externalizado, como con qué facilidad de se enojaban o frustraban. Los padres también informaron sobre sus propios niveles de estrés y depresión, el apoyo que recibieron de sus parejas y el uso de pantallas de sus hijos.

En casi todos los casos, un dispositivo o más interfirió las interacciones entre padres e hijos en algún momento durante el día.  La tecnología puede servir como un refugio para los padres que tienen que lidiar con el comportamiento infantil difícil. Sin embargo, los resultados de la encuesta mostraron que esta táctica tenía sus inconvenientes. El uso de dispositivos electrónicos probablemente prive a los padres de la oportunidad de brindar un apoyo emocional significativo y una retroalimentación positiva a sus hijos, lo que hace que sus hijos vuelvan a un comportamiento aún más problemático, como tener berrinches o enfurruñarse. Esto aumenta los niveles de estrés de los padres, éstos se refugian más en la tecnología, y el ciclo continúa.

Para Radesky las observaciones a la hora de comer corroboran como la escalada de mal comportamiento de los niños a menudo son el resultado de los esfuerzos infantiles por llamar la atención de los padres absortos dispositivos móviles”.

Estos resultados respaldan la idea de que la interferencia de tecnología entre padres e hijos y los comportamientos conflictivos infantiles están relacionados y se influyen entre sí”, dice McDaniel. “En otras palabras, cuando los padres se estresan por la conducta de los hijos tienden a refugiarse en la tecnología, lo que a su vez puede contribuir a un mayor número de problemas de conducta en los hijos”.

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